
Mi papa nació el 18 julio 1908 et murió el 23 noviembre 1977 en Tortosa, muy joven todavía, el cigarrillo lo mató, dicen que las personas que fuman viven 15 años menos.
Toda su vida no vivió en Tortosa, ya que a los 28 años se casó con una jovencita Ampostina de 21 año.
Tuvieron cinco hijos, entre ellos yo la del medio.
Mi papa era muy guapo, moreno con ojos negros y mi mama tenia una sonrisa muy bonita aparte de todo lo demás que no es necesario hacer comentarios.
El 23 de Octubre pasado cumplió 31 año de su fallecimiento, pero yo ya llevo 34 años sin verlo.
Fue en esta estación de ferrocarriles que lo vi por ultima vez.
Me fueron a despedirme mi mama y él, el 2 de marzo de 1975, para irme a Barcelona para enlazar al día siguiente a este bonito país Canadá.
Escribiendo el 2, me doy cuenta que yo nací el 2, el 2 octubre 1965, me fui a vivir a Barcelona y el 2 de Marzo al rumbo de mi vida.
Me doy cuenta que he vivido muy poco con mi familia, con lo cual pocos recuerdos puedo tener.
Los últimos recuerdos de mi papa, que me venia a buscarme a esta estación de ferrocarril cada vez que iba a Amposta en los fines de semana de más de dos días, en vacaciones de verano y Navidad, ya que en aquel tiempo se trabajaba los sábados y los viajes en tren eran largos.
Una de las últimas salidas que hicimos los dos fue con el estreno de la película el Padrino, pues nos fuimos en coche a Tarragona, visitamos a la familia Panades que tenían el cine y vimos la película, a media película nos tuvimos que salir ya que se me hacia tarde para regresar a Barcelona.
Parece que todos mis recuerdos se resuman en despedidas en las vías férreas.
Siempre ha estado feliz con sus hijos, y admirándonos. Recuerdo que en la conversión en casa de los Panades, dijo que yo era independiente, que tenia un vespino y que me desenvolvía por toda Barcelona con el. Se le veía que estaba orgulloso de mí, de tan poca cosa.
Creo que ahora se santería muy orgulloso de ver a todos los nietos manejando sus coches.
En los últimos años de vida de mi mama, estaba en silla de ruedas y la verdad que me acomplejaba verla manejarse también el coche de ruedas, con sus rodeos giros y marchas a tras que hacia. A veces le decía si tu esposo te ve estará contenta de la conductora.
Una semana antes de irme a la gran aventura, mis padres me vinieron a buscarme a Barcelona con el 850 y ver todos los bártulos que llevaba mi padre creía que tendría que ir tirándolos por la ventanilla ya que pensaba que non iban a entrar en el coche, pero la verdad que no eran tantos, pues no había acumulado muchos, más bien eran libros de estudio, ya que me fui a Canadá con dos maletas de ropa y el álbum de fotos como recuerdo.
En Amposta me pasé una semana, y recuerdo que papa no estaba muy convencido de que me fuese tan lejos, pues no veía muy claro como todo se iba a desenvolverse para mí. El tenia sus principios y creo que le hubiese gustado que todo se hubiese pasado de una forma convencional.
En los años que yo viví en Barcelona, era cuando él trabajaba para su primo con lo cual algunos lunes llevaba a sus hijos a Barcelona a los colegios, así que se pasaba por la calle de Aragon a verme unos minutos antes de volver a su regreso. Siempre tenia alguna frase bonita de cariño que decir. Además mamá añadía un paquetito de recuerdo en algunas ocasiones.
Al cabo de un tiempo de mi traslado a Barcelona mi segunda hermana conoció a su esposo, así que fue mi padre quien me anuncio todo el acontecimiento. Como él estaba unos días en la ciudad en el bar del hotel en el que se hospedaba me explico como todo había sido, con lo cual yo me puse muy contenta ya que la iba a tener cerca de mi.
Un día lo llevé a comer el Pio Lindo, un bar que no sé si todavía existe en la Vía Augusta, era tan solo una barra larga en la que se comía pollo con una copa de cava. Otro día me acompaño en metro a la residencia, creo que debió de ser de las pocas veces que había tomado el metro.
Estos son algunos recuerdos de él, en memoria de mis 34 años lejos.
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