Lo imaginario, revolviendo la tierra y en una obra tan importante como ha sido el drenaje, uno tiene tendencia a imaginar que va a encontrar un tesoro escondido.
Cuando uno hace un agujero más profundo de lo normal, para plantar una planta o un arbusto, su imaginación empieza a desarrollarse y al final nada encuentra, pero tampoco se tiene ninguna mala sorpresa
Revolviendo la tierra y haciendo limpieza de la acera, por miedo a que nos pusiesen una multa o algún vecino nos denunciarse por no tenerla limpia, después de haber quitado las dos montañas de tierra de delante de la casa de más de dos metros de altas, además las de atrás, mi esposo encontró un pequeño medallón con una foto de una pareja.
Una tarde al llegar del trabajo me comunicó su encuentro dudando de su valor, lo mire y entre sucio que estaba le dije que no creía que tuviese ningún valor, mirando la foto nos pareció más bien una pareja de rusos, por la forma de ir vestidos.
Lo deje de lado para ocuparme el fin de semana, a lo cual lo volví a coger, le di una limpieza con un producto para limpiar la plata, ya que me pareció de este tipo de material, saqué la lupa y concluí que era la pareja de nuestros vecinos de enfrente de casa, mucho más jóvenes.
Confirmé con mi esposo el parecido y me dije que tendría que ir hacerles una visita para ver si era de ellos.
Una tarde al volver del trabajo y de algunas compras, mi esposo me recordó que todavía no había ido hacer la visita a mis vecinos.
Me fui por el medallón y me dirigí a su casa. Me abrió el esposo a lo que le dije que si aquel objeto les pertenecía, a lo que con una gran sonrisa dijo que si y que estaba mucho más joven allí, enseguida salio su esposa muy curiosa de nuestra conversación y dijo que hacia mucho tiempo que no lo había visto.
A la reacción de su esposa, me entro a mí la curiosidad con lo cual pregunté si hacia mucho tiempo que lo habían perdido, semanas, meses o un año, no tuve ninguna respuesta clara.
Finalmente la pareja se les veía agradecidos, contentos de haber encontrado un recuerdo con mucho valor sentimental.

Buena historia!
ResponderEliminarRealmente es una bonita historia, muy bien contada, y como tal, tiene la virtud de desatar la imaginación y buscar distintas explicaciones y posibles desenlaces.
ResponderEliminarLa pregunta clave es ¿cómo llegó allí el medallón?, ¿Cómo lo perdió ella en el jardín vecino? ¿Sabía el marido que ella había perdido el medallón? ¿Por qué ella no se lo dijo? ¿Por qué te parecieron rusos?
La segunda pregunta es: una vez que os dieron las gracias con una fingida sonrisa y cerraron la puerta, ¿cayó el marido de la higuera, y se hizo la misma pregunta que me he hecho yo: ¿cómo llegó al jardín de los vecinos el medallón de su esposa?
Seguramente fue entonces, al ver la cara sorprendida ¿o era temor? de la esposa al recuperar de manos de unos vecinos un antiguo recuerdo, cuando le vino a la memoria la imagen del hombre de mediana edad, no exactamente guapo, pero sí interesante y algo misterioso, que habitó la casa vecina hacía 30 años. También recordó que cuando le preguntó a su esposa si sabía algo sobre el nuevo vecino, ella se puso nerviosa y le contestó que había oído rumores de que era un pintor algo bohemio, de vida desordenada, con un pasado un tanto turbio y decididamente mujeriego (también podría ser un novelista, lo mismo da). No, lo de mujeriego no se lo dijo su esposa, de eso se enteró junto con todo el vecindario, cuando se escapó con la esposa del abogado que vivía en la esquina.
Curiosamente, en aquella época, su esposa cayó en una gran depresión, de la que le costó mucho tiempo salir, con no poco esfuerzo de él, que hizo todo lo posible por mimarla y no contrariarla. Incluso renunció a un trabajo muy interesante que le ofrecieron en otra ciudad, porque su mujer no quería abandonar su casa (ella seguía esperando que el artista volviera algún día) y el no quería dejarla sola.
Con el tiempo ella se recuperó, pudo dejar de medicarse, pero aquella maldita depresión había transformado totalmente y de una forma definitiva su carácter. Se convirtió en una mujer resentida, siempre enfadada, empezó a descuidar su aspecto, viviendo en un mundo propio que no estaba dispuesta a compartir y que a él le hacía sentirse tan mal (y no digo que se dio a la bebida porque me parecería demasiado)
Si él no la abandonó fue por no hacerle daño a su hijo que entonces cumplía dos años y que hasta entonces no había podido disfrutar de su madre debido a su depresión. Además tenía que reconocer que era una buena madre, ella sólo abandonada su aire enfadado y ausente cuando tenía al niño cerca, únicamente entonces recobraba su antigua sonrisa y le recordaba a la mujer con la que se había casado tan enamorado muchos años atrás.
Ahora, treinta años después, al abrir la puerta a los actuales vecinos y ver el medallón perdido, el marido entendió todo, pero sonrió, dio las gracias a la pareja vecina por haberles encontrado un recuerdo tan querido y cerraron la puerta.
Santy
ResponderEliminarEl médallon se encontró en la acera delantera de la casa.
Me parecieron una pareja de rusos, porque iban vestidos los dos de blanco, ella rubia con pelo muy largo.
Hay que decir que tu imaginacion va muy lejos, buena composicion has hecho tu.
Ya ves yo te doy tema y creas.
Muy buena conclusion.
Te tendrias que crear tu blog