Viviendo en Barcelona y en plenas vacaciones de Semana Santa me preparaba para ir a pasarlas con mi familia.
Habiéndome levantado de mañanita para coger el tren, para llegar a mi casa a la hora de la comida y comer con ellos ya que en aquel tiempo los trenes circulaban a baja velocidad y tenían paradas en todas las estaciones y apeaderos.
Los vagones no eran muy confortables, de madera y quizás con poca calefacción y más de una ventana no encajaba bien con lo cual uno pasaba un poco de frió.
Afortunadamente que tenia el sol fuerte de España y habiéndome buscado un asiento al lado de la ventanilla me calentaba a lo largo del trayecto haciéndose el viaje más agradable.
Llegando a mi hogar ya todos habían comido, pues aun habiéndome tomándo todas las precauciones llegaba demasiado tarde.
En el salón, el sol entraba de pleno, calentando toda la habitación, una mesa redonda cubierta con un mantel azul bordado por mi madre con sus iniciales con un hilo muy finos que tenias dificultad en ver los pequeños puntos trazados.
Mi madre sacaba una cazuela grande de barro que previamente había hecho calentar con mi ración que había previsto de antemano guardala.
Unos huevos guisados con guisantes, pues si un plato de lo más corriente, ni recuerdo si tenia algo más de comer con ello, ya que me senté en el sillón de mi padre y me puse a comer, saboreando los exquisitos huevos que me parecieron tan buenos en aquel momento de cansancio.
Un trozo de mona tenia seguramente como postre.
Así que en memoria de la buena acogida de mi madre, en los últimos años, el viernes santo se ha quedado la tradición la preparación de los huevos a la cazuela de barro, un sofrito de cebolla, guisantes y espárragos verdes a lo que se añade a continuación los huevos, algunas hierbas buenas no sobran de más.
Y las habas? Te las dejas,plato exquisito!
ResponderEliminarEsto es otra comida muy buena, otro día
ResponderEliminarTienes razón cuando dices "en su momento". Cualquier cosa, cuando lo necesitas, si te lo dan en ese momento,o lo consigues por tu cuenta, le das una importancia grande y pasa a formar parte de tus buenos momentos.
ResponderEliminarMe has hecho recordar cuando era pequeña. Me enfermé de escarlatina, y cosa rara, mis otros dos hermanos pequeños no enfermaron conmigo, quizá fue porque me incomunicaron de inmediato para que no los contagiase.
El recuerdo que tengo de aquella enfermedad era el de un aburrimiento total y a mi padre, que me llevaba unos recortables de cartón con una muñeca preciosa y que a mí me gustaba más porque mi hermana pequeña no podía compartir conmigo, por aquello del contagio. Finalmente me puse bien, pero estaba muy débil. Era primavera. Yo vivía en Sevilla y Sevilla la primavera está en el aire, aunque una esté convaleciente y no pueda salir a la calle. Me dejaron levantar, después de tanto tiempo confinada en aquel dormitorio. A la hora de la comida me pusieron un velador en el patio, el típico andaluz, con su fuente y sus plantas, con un mantelito y un plato que me encantaba, el pez espada asado con ajo y perejil, tan simple como eso. Hay que decir que el pez espada del Atlántico no tiene nada que ver con el emperador de aquí, es mucho más firme, en cualquier caso, en mi vida volveré a disfrutar tanto de una comida como aquel día.
Este fin de semana pienso comer los huevos con la cebolla, guisantes y espárragos. Ya te contaré.
Muchas gracias por compartir tus recuerdos y traerme a la memoria los míos
Me haces sentir feliz cuando a la vez te hago recordar tus recuerdos y me los cuentas. Seria estupendo que te creases tu blog, así podría ir descubriendo parte de tu vida que desconozco.
ResponderEliminarPor lo menos participas en el mio y algo me entero.
Besos