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Cecioni Adriano
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Una madre contemplaba cada tarde en su
terraza a sus hijas que eran jóvenes y que todavía vivían con
ella, cada una se iba ocupando en alguna labor o algún otro
pasatiempo que habían desarrollando según sus aficiones.
Las tardes solían ser frescas más
bien, ya que la temperatura no eran tan cálida en aquellos tiempos,
después de una buena siesta salían tranquilamente una tras la otra
a sentarse en aquel espacio acogedor que reunía tranquilamente a
toda la familia.
Su madre se ocupaba de cuidar a la niña
más pequeña ya que estaba en la edad en la que no se le podía
perder el ojo, la mayor se dedicaba a pintar, bordar y entretener a
la tercera hermana pues ésta acaparaba mucho su atención.
La segunda le gustaba mucho leer, pero
a la vez se sentía responsable y empezaba a bordar su ajuar.
La tercera dibujaba o
cosía los vestidos para su muñeca que su hermana mayor le había
cortado o más bien era su hermana quien se los terminaba, pero ella
decía que los había hecho ella misma.
En aquella familia de
cuatro muchachas vivían también las dos abuelas, éstas después de
su siesta también salían a la terraza, ellas se dedicaban a
remendar la ropa de toda la familia, al cuidado de las plantas a la
limpieza de la terraza e intentaban al mismo tiempo tener unos
momentos de descanso que muchas veces eran interrumpido por las
charlas animadas por las nietas e hija.
A la hora de la merienda
una de las abuelas se levantaba y se iba a preparar la merienda, no
era una merienda muy abundante sino mas bien sencilla y apetitosa en
una tarde de verano. La mayoría de los días era el pan con tomate y
a la ocasión un vaso de horchata fresca que apetecía en aquellos
momentos que el sol iba cayendo al caer de la tarde.
Al ver levantarse a la abuela Mari-Pi
se decía ahora mi madre me va a decir que vaya a decirle a mi padre
que es la hora de la merienda, muchas veces no le gustaba que se lo
dijese, ya que estaba cogida en un momento importante para ella y no
quería dejar lo que había emprendido y ser interrumpida, pero otras
muchas tardes no esperaba a que se lo dijesen ella misma le decía a
su madre; pues voy a ver si papá no está muy ocupado y sube a
merendar con nosotras.
La mamá contemplaba a todos sus hijas
y a sus madres y se decía que era una mujer feliz de encontrarse
rodeada con tantas mujeres, se decía de nuevo que era muy feliz de
poder vivir aquellos años todos reunidos pues bien sabia que
tranquilamente sus hijas la iban a dejar así como sus mamas, por el
curso de sus vidas, pero no sabia todavía que en aquella terraza le
quedaban muchos años de felicidad con su hijo que iba a tener y ver
crecer a sus nietas también.
Aquellas jóvenes que se
tenían en la terraza cada tarde iban pasando el verano, tarde tras
tarde con la rutina implantada y sin grandes novedades hasta que
llegaba el mes de Agosto que eran las fiestas del pueblo y allí se
trastornaba la rutina que se había implantado en aquella terraza,
por las salidas diarias. Las fiestas mayores duraban una semana,
muchas actividades habían en aquellos tiempos, para mí siempre
fueron los mejores tiempos de joven.

que bonito me ha recordado mi niñez, un beso
ResponderEliminarTus bellas evocaciones siempre están llenas de ternura y amor
ResponderEliminarPaz y Gracia
Isaac
Gracias por compartir este trocito de tu niñez, Mari Pi.
ResponderEliminarTranscurrían los días tranquilos en el Pueblo,
al menos en verano.
Un abrazo ( me alegro de que la pintura
te evocara esos recuerdos)
Momentos de nuestra niñez que nunca se borrarán del corazón.
ResponderEliminarBesos Mari
Me has recordado mi infancia, con mis abuelos...Genial entrada...entrañable.
ResponderEliminarBesote guapa
Hermosisimo
ResponderEliminarEdad nica que nos llegan de ella recuerdos imborrables
Con mis abuelos tenia tardes preciosas
Cariños
Que bonita, apacible y feliz era aquella vida, con razón se dice que todo tiempo pasado fue mejor.
ResponderEliminarUn abrazo.
Un relato precioso lleno de buenos recuerdos.Bsssss
ResponderEliminarVeo un trasunto de tu propia biografía en este relato y una influencia literaria de Mujercitas en él. ¿Me equivoco en algún punto?
ResponderEliminarUn besazo
No vas muy equivocada. Escrito basado sobre unas lineas escritas por mi madre.
EliminarBesos
Bonitos recuerdos, aunque ahora por las terrazas de asas de calor, aunque sea a la tres de la madrugada, bueno, al menos por aquí.
ResponderEliminarBesos.Mari
¡Ay mi querida amiga!
ResponderEliminarQue recuerdo más hermosos esos que no se van por mucho que pase el tiempo, te lo creo, es una etapa de la vida muy bonita puesto que por aquel entonces aun dentro de la poca "abundancia"... Y pongo comillas y suspensivos porque, la poca abundancia no era igual para todo en mundo, con esto te digo que en las familias había sea armonía placentera, no se iba de un lado para otro corriendo, hoy vamos a la carrera para todos lados parece que no queda tiempo para un abrazo o un te quiero tan necesario en esta vida de ajetreos, total que todo queda nada llevamos. El caso es que cuando uno se acuerda, muchas veces ya es demasiado tarde.
Ha sido un placer leerte es un texto precioso de vivencias colmado de nostalgia.
Te dejo un abrazo. Y mi estima. Se muy feliz.
Me hubiera encantado estar ahí...
ResponderEliminarMaravilloso recuerdo amiga, gracias por este regalo que has compartido con todos los que te leemos.
Mujer afortunada y yo más porque me das paz.
Un fuerte abrazo Mari.
É sempre muito bom recordar o nosso
ResponderEliminartempo de jovens, sobretudo se fomos felizes.
Eu tenho muitas saudades desse tempo, amiga.
Beijinhos e desejos que se encontre bem.
Irene Alves
Un relato muy entrañable lleno de vivencias sencillas pero llenas de la riqueza del cariño.
ResponderEliminarMe ha evocado al mundo de la infancia y los recuerdos.
Un beso, Mari Pi.
Ai! La terraza! Ya me gustaria a mi tener una terraza! Pasaria media vida en ella...
ResponderEliminarUn abrazo des de Barcelona
gracias por tu visita, un beso
ResponderEliminar¡Como me gustan tu relatos de infancia Mari-Pi, los describes de tal manera, que me veo sentada entre vosotras en esa tranquila terraza.
ResponderEliminarBesos.
Buona serata...ciao.
ResponderEliminarQué hermosos recuerdos, nostálgicos... me recuerdan a mis novelas. Son parte de una historia vivida que emociona, que resucita todo lo bueno, bello, encantador de aquellos años.
ResponderEliminarPrecioso.
Besos
Pd Gracias por estar siempre en mi novela.
Siempre te saludo con profundo cariño
ResponderEliminarPaz y Hermandad
Isaac
Bonitos los recuerdos que compartes.
ResponderEliminarUn abrazo!
Tencionava retornar só em finais de Setembro mas a minha filhota requisitou a minha presença mais cedo... e aí vim eu a correr :)))
ResponderEliminarE já que cá estou aproveito para visitar, aos poucos, as amigas.
Como é bom recordar os tempos da juventude, sobretudo se esses tempos foram felizes, como os teus deixam transparecer...
E tu descreve-los duma forma muito atraente, que se lê com muito gosto.
Votos de uma semana muito feliz.
Beijinhos
MARIAZITA / A CASA DA MARIQUINHAS
Leerte es muy agradable!!
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
Me llevaste a mirar una tarde de muy infancia. Bellos momentos. Muy bien narrado.
ResponderEliminarUn beso.