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| Lilla Cabot Perry |
No era el lugar, ni el
amor que nos llevamos, ni los pasteles que comíamos.
Un comentario despertó el
animo en ponerme a escribir mi estancia en Barcelona de pensión en
pensión y tiro porque me toca, fueron en total cuatro lugares en
diez años, más bien se podría decir tres lugares en tres años.
Después de la cariñosa
residencia de Vía Augusta, que tuve que dejar por el cierre de la
puerta temprana, me fui a casa de una chica conocida, afortunadamente
que no era intima amiga.
Era una familia cubana
padres con dos hijas, el padre encantador y la hija mayor (mi
conocida también) pero la madre que era quien llevaba la casa tenia
el mal del país con lo cual se le pasaba el día pensando lo que
había dejado allí y recordando sus buenos días en él.
Las cosas no se hacían en
la casa ya que cada miembro de la familia salia de ella de buena hora
de la mañana por sus trabajos y estudios. Yo también salia a
trabajar pero tal como veía las cosas por la mañana me las volvía
a encontrar en el mismo estado, excepto que se había cocinado para
la hora del mediodía.
Estaba en pensión
completa, a parte de ser difícil de muy pequeña en las comidas no
lo he sido de mayor, siempre he tenido un gran apetito y todo me
parece bueno, menos lo que cocinaba la buena mujer, que no poniendo
su alma en ella, le salia la comida sin sabor hasta el punto de que
uno no se la podía comer.
No hice ningún comentario
de ello, pero en cambio me lo descubrieron mis compañeras de trabajo
que algo había que no funcionaba. Nuria la responsable de mi trabajo
me cogió y me dijo; pues vamos a tomarnos un café en el bar del
lado y charlamos un rato, el café terminó con un buen bocadillo
completando mi comida y descubriendo el pastel.
Otro punto negativo en mi
estancia allí, era que en aquel tiempo tenia mucho miedo a los
perros, pues tenían uno grande que me entraba en mi habitación por
las noches con lo cual me sobresaltaba con sus cariños, que para mi
no lo eran.
En las grandes ciudades se
conoce mucha gente y más en una edad de juventud, no tardé mucho
tiempo en conocer a María que acababa de llegar a Barcelona por sus
estudios y buscaba pensión, unos se hablan con otros y otras chicas
nos dijeron; pues una amiga de la señora que estamos busca
pensionistas con lo cual las dos nos fuimos juntas a vivir a la calle
Paseo de San Juan.
La señora no recuerdo
porque razones nunca estaba en la casa, con lo cual nos dejaba la
casa grande y destartalada para las dos, nosotras nos sentíamos tan
felices allí, pues hacíamos lo que queríamos sin ninguna manía a
nada hasta el día que vino a visitarme mi hermana con su marido y
dijeron que no teníamos que continuar viviendo allí ya que la casa
no requería todas las condiciones necesarias, nosotras afirmábamos
que eramos felices y que teníamos todo lo necesario.
Mi hermana se quedó muy
preocupada con ello y mi cuñado dándome consejos y sugerencias, con
lo cual nos hizo reflexionar y encontramos a otra buena señora que
buscaba dos chicas de compañía y ayuda financiera.
Nos fuimos a la Rambla de
Cataluña, cerca de Consejo de Cien, naturalmente muy céntrico, allí
se terminó todo hasta el día que me vine a Canadá, no hay más que
explicar pues los días fueron buenos y todo completaba lo requerido
para tranquilizar a la familia. Como se dice tomamos chocolate al
calentito de la camilla y el cuento se terminó.
Después de tantos años
de estar allí, no pude conservar ninguna fotografía de la Señora
Mercedes, pues las que le hice se me perdieron en un traslado por
error.

Preciosa y entrañable tu historia, si lo deseas, voy donde me digas y pido prestada unas fotos y te las envío, si lo deseas, en serio y lo que quieras de aquí en Barcelona y yo te lo pueda conseguir dímelo y de verdad te lo consigo.
ResponderEliminarUn abrazo, y no te añores, si tu familia está ahí contigo ahí es donde mejor estás y si vienes a Barcelona, ya sabes tienes quien te guíe, yo, para ver lo que tu quieras...Dilo y ya está, muchas gracias y te envío un fuerte abrazo y muchas gracias por todo y por ser como eres, no cambies nunca.
Mari Trini
Bueno,son cosas de la juventud... ya sabes que en aquella época todos somos muy impetuosos... quién no guarda esos recuerdos como tesoros del pasado? La juventud... la familia protegiendo desde la diatancia... ya pasó y ahora eres feliz. BESITOS Y SALUDITOS DESDE ESPAÑA.
ResponderEliminarHe tenido problemas para ponerte comentario... no sé si te llegará.
Gracias por tu gesto Mari Trini, la Sra Mercedes murió hace años y tenía muy poca familia.
ResponderEliminarPues cuando vaya por Barcelona nos vamos a conocer, ya que es allí donde pongo mi pie en primer lugar.
Besos
Gracias Liova, escribir los recuerdos siempre son buenos para ir haciendo historia de una vida.
ResponderEliminarCuando se es joven en donde vivir le parece menos importante.
Besos
Y pensar que ahora tu sobrina pasea su perro (ese gran danés) por el passeig de Sant Joan... Me gustan tus relatos de antaño. A ver cuando cuentas tu viaje a Canadá.
ResponderEliminarHola Paseante, te diré que con Copini fue con quien me quité el miedo a los perros.
ResponderEliminarQuizás algún día hable de mi viaje.
Buenas noches
buen relato.
ResponderEliminarun saludo
marian
Gracias Marian por tu visita.
ResponderEliminarFeliz semana
Entrañables recuerdos de juventud. Es curioso comprobar cómo una vez pasados los años se ven las cosas de otra manera, pero los recuerdos están ahí. Haces bien en ir recopilándolos porque forman parte de tu vida.
ResponderEliminarMe ha gustado esta entrada.
Besos, Mari-Pi-R.
Historias de la juventud e historias que uno recuerda siempre. Tu estancia en Barcelona me recuerda a las vivencias de cualquier muchacha sacada de una novela de Juan Marsé. Un abrazo, Mari-Pi-R.
ResponderEliminarHola querida Mari.
ResponderEliminarMe encanta tu comentario"escribir los recuerdos siempre son buenos para ir haciendo historia de una vida.''...
Y así es las experiencias nos permiten valorar lo que realmente vale la pena en la vida,puede como nos dice que aquel lugar no fuera el indicado pero las dos se sentían libres y cómodas la una con la otra,una de cal y una de arena nos traen evocar tiempos pasados,ya con la experiencia de hoy en día sabemos que solo la juventud y esa ilusión por concluir proyectos nos hacen mas sostenibles las situaciones.
Un abrazo guapa, entrañable como siempre
Gracias Atenea, me alegro que te haya gustado mi entrada en cada tiempo una cosa, verdad?, pero cuando se es joven uno no tiene muchas necesidades.
ResponderEliminarUn abrazo fuerte
Gracias Paco por tu comentario, creo que mi historia es parecida a muchas otras de cualquier pensionista en aquellos tiempos.
ResponderEliminarUn abrazo
Pues la verdad que aunque no he hablado en ella porque todo fue de maravilla en mi cuarta pensión los días fueron muy buenos y los recuerdos también, era como si uno estuviese en su propia casa, con menos aventura.
ResponderEliminarUn abrazo América
Yo estudié en la misma Barcelona donde vivía con mis padres y envidiaba a mis compañeros que vivían en un piso, lejos de la familia, viviendo a su aire con relativa libertad.
ResponderEliminarFelices recuerdos Mari-Pi-R
besos
Envidiabas a tus compañeros en aquellos tiempos, ahora no los envidiarías, pues donde mejor que con los padres que te cuidan y se preocupan de ti.
ResponderEliminarUn abrazo Fra Miquel
Me imagino a la señora Mercedes como una señora entrañable de bata y rulos. ¿Me equivoco? No sé qué tendrá la juventud que crea recuerdos tan dulces y felices.
ResponderEliminarBesos
Pues era todo lo contrario una señorita soltera de buena familia pero con poco dinero hasta que heredó de sus tías ya en los últimos días de su vida.
ResponderEliminarGracias Carmen por tu paseo, un abrazo
hola, te acabo de conocer en el blog de Mª Trinidad, soy de Barcelona, de Hospitalet del Llobregat y comprendo tus peripecias en esa gran ciudad, esas calles tan mías y que quizás no podré nunca más a pisar. Ahora vivo en Calatayud en Zaragoza, ayudando a una pequeña comunidad de monjas dominicas para que no cierren el monasterio.
ResponderEliminarTe invito a que te quedes a mi lado y me sigas contando tus experiencias en mi amada Barcelona
Con ternura
Sor. Cecilia
Hola Sor Cecilia, gracias por tu paseo en mi blog, ya ves yo tampoco piso mucho Barcelona de corrida cuando voy por allí, pero estas haciendo una buena labor en Calatayud en Zaragoza, ayudando a la pequeña comunidad de monjas para que no cierren el monasterio.
ResponderEliminarMe paso por tu blog un abrazo
Buenos días, no te pude contestar, tuve un pequeño incendio en mi celda, demasiados cables para un solo enchufe, y me que de sin luz.
ResponderEliminarGracias por quedarte a mi lado
Un beso de ternura de esta catalana
Sor. Cecilia
Hola amiga, intensos los recuerdos que se queda adheridos a nuestros días de por vida. Preciosa entrada amiga. Un beso.
ResponderEliminarGracias Sor Cecilia por tus palabras y por pasarte de nuevo por este espacio.
ResponderEliminarQue pases una buena noche y ten cuidado con tantos hilos eléctricos.
Hola Lola, gracias por tu comentario y por pasarte por mi rincón.
ResponderEliminarUn abrazo y feliz semana
¡Hola Mari-Pi!!!
ResponderEliminarPues que relato más simpático y bonito. Es una experiencia más en tu vida, seguro que tendrías o tendrás alguna mucho más hermosas.
Gracias por compartirla con todos nosotros.
Te dejo mi gratitud y estima, Un abrazo y que seas muy feliz ahí en Canadá debe ser preciosa. Apropósito, Que hora será ahí en tu Canadá? Aquí son las tres de la madrugada. Buen fin de semana
Hola Marina, que trasnochadora que eres, yo me acuesto como las gallinas, ya que me gusta madrugar, mi marido es lo contrario, ya ves, siempre hay desequilibrios en las parejas, jaja.
ResponderEliminarGracias por tu paseo y que tengas una feliz semana
Hola Mari-Pi, una entrada magnifica, me ha gustado mucho. Un beso amiga.
ResponderEliminarGracias por tu nuevo paseo Lola
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