domingo, 30 de septiembre de 2018

Curso de mecanografía

Este era el escritorio de mi padre, en la parte izquierda se encuentran cuatro cajones falsos, que tan solo al abrir el primero hacías deslizar la maquina de escribir.

Mi padre tenía su despacho en el bajo de la casa junto a su taller de trabajo. Yo que siempre he sido autodidacta en muchas cosas me inscribí en un curso por correspondencia de mecanografía y así aprendí a utilizar correctamente la maquina de escribir. Este curso en cierta manera me abrió una pequeña puerta para dar un nuevo cambio en mi vida profesional y naturalmente me ha servido el resto de mi vida.

Bajaba por las noches al despacho de mi padre para hacer las practicas de texto, mandaba los cuadernillos por correo y me los corregían.
 
 













En aquel tiempo trabajaba en la farmacia como vendedora de productos farmacéuticos, pocas exigencias habían en aquellos tiempos, si sabias leer las recetas de los médicos y te habías aprendido el emplazamiento de cada medicamento poco más había que saber ya que no habían consultas ni consejos que dar a los pacientes y si alguna medicina había que preparar el farmacéutico la preparaba, aunque tampoco habían muchas en aquellos tiempo, más bien algún ungüento que lo recetaba un curandero al que acudían mucha gente del pueblo.

En el pueblo había una rivalidad entre los dos farmacéuticos uno estaba situado en la calle Mayor y el otro en la Avenida de la Rapita, él de la calle Mayor se daba sus paseos matinales por la Avenida de la Rapita, con la escusa de pasar por delante de su competidor, más o menos a la misma hora, el farmacéutico retenía en aquel tiempo la clientela haciéndola esperar más de lo normal para que al pasar el farmacéutico viese que tenia la tienda completamente llena de gente y ponerlo celoso de su abundante clientela.

Al farmacéutico le dio una temporada por hacer escritos del pueblo, hacer alguna obra de caridad con lo cual me utilizaba para sus escritos, cosa que no me importaba mucho, ya que me daba unas horas durante el día para transcribirle sus escritos a máquina. Así que me iba a mi casa y me ponía a escribir sus escritos, ésto me hacia practica y al mismo tiempo me sentía útil y ocupada en otras tareas distintas.
 
Sus obras de caridad consistían en repartir unos sacos de arroz entre la gente pobre que querían ir a buscarlo haciendo cola en la farmacia, naturalmente yo me veía implicada en ello haciendo el reparto era una forma publicitaria y poner nervioso al otro competidor ya que eso le hacia augmentar su clientela con la gente más desfavorable. A consecuencia de ello escribía artículos de sus obras en el periódico local.

Todo eran trucos publicitarios que en parte favorecían a la gente necesitada, ya que cuando se empaquetaba las medicinas iban junto con un puñado de caramelos.

En el curso por correspondencia de mecanografía recuerdo que decían: que ni la novia, ni la estilográfica ni la máquina de escribir no se prestan a nadie. Los tiempos han cambiado y ahora con el móvil casi lo hacemos todo y cada uno tiene el suyo.




18 comentarios:

  1. Sí se sabía mecanografía y lo sabían los demás, implicaba hacerles muchos favores.
    Besos.

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  2. Qué tiempos aquellos! parece mentira! cuánto ha progresado tecnológicamente la humanidad. Eso sí la pobreza, en algunos sectores continúan.
    Besos Mari

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  3. ¡Claro que si, Mari-Pi!

    Cambiaron tanto las cosas, que hasta me parece que tenemos demasiadas cosas que ni siquiera necesitamos, aunque yo no soy de tirar la casa por la ventana, pero que con menos viviría bien igualmente.
    Eso sin hablar de lo que tienen hoy los más pequeños…
    Está así la vida puesta y bueno, mejor que no haya que volver atrás.
    Ha sido un placer, te dejo mi gratitud y estima.
    Un beso y ten una feliz semana.

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  4. Sabes algo?. En aquellos tiempos, teníamos poco y nos conformábamos. Ahora tenemos todo y queremos más. Aunque a lo mejor entonces creímos tenerlo todo...

    Gratos recuerdo los que traes. ç

    Besote

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  5. Mi padre tenía también una máquina de escribir que se trajo de su fábrica, la que heredó de tradición familiar y que luego se cerró por avatares económicos que no vienen al caso. Desde pequeña él intentó enseñarme a teclear en aquel aparato en el que yo, con mis deditos infantiles, me perdía. Mi dedos acababan metidos entre las teclas, atrapados. ¡Qué recuerdos!
    Un beso

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  6. Ah, tiempos aquellos... yo conservo mi vieja máquina de escribir que, al igual que a ti, me abría puertas allá en el pueblo.

    Muy bonita la historia de la competencia entre farmaceutas.

    Un abrazo.

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  7. Si amiga, los tiempos han cambiado (nosotros con ellos). Pero las bonitas historias, como esta, siguen siendo lindas

    Gracias

    Isaac

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  8. Ahora resulta de lo más curioso echar la vista atrás... Me gustó leerte!
    Un abrazo

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  9. Y tanto que han cambiado los tiempos, pero las rivalidades y los trucos de marketing están a la hora del día. Nunca aprendí a escribir a máquina, pero qué duda cabe de que en aquellos tiempos aprender cualquier cosa te hacía destacar sobre los demás y te facilitaba la vida. Hoy es todo más fácil y más complicado a la vez.

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  10. ¡Hola, M. Pilar!

    Paso de nuevo para dejarte un abrazo y desearte mañana, un montón de felicilidades, que sea un día precoso y que lo disfrutes mucho, mucho en la mejor compañía. Y

    Bueno, no sólo mañana, sino todos los días de tu vida.

    Besos que llegan en un suspiro.

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  11. Como me gustan ñas cosas de antes querida amiga la historia de tu juventud muy bonita y agradable de leer mil besicos

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  12. Qué entrañables recuerdos. Gracias por compartir, me encantó la historia de los dos farmacéuticos, marketing de antaño.Es muy grato pasar por tus blogs. Un cariñoso abrazo y felices fiestas.

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Gracias por pasar por este espacio y dejar vuestra huella de amistad.